Caster SemenyaSemenya. Sí, Caster Semenya! Para unos el nombre de un héroe de un cartón japonés de acción. Pero no! Este es el nombre de la atleta sudafricana que se ha alzado con el oro en los 800 metros lisos en el mundial de Alemania 2009, celebrado en Berlín, en días pasados. Sin embargo, Caster ha saltado a la esfera informativa por su falta de feminidad.

A primera impresión, la mayoría de los críticos intentaron permear sus comentarios insinuando un posible cambio de sexo forzado para adecuarse a la alta competición.

Una porción mencionó su posible lesbianismo. Pero a todas éstas, lo más reciente que se comenta en las esferas del atletismo internacional es que la surafricana es intersexual y, si bien, esto es difícil de asumir en el mundo “normal”, en el deporte de alta competición es mucho más difícil. Los motivos no son ni sexistas ni homófobos sino, más bien, de clasificación sexual.

En un deporte como el atletismo, donde los sexos opuestos no pueden competir juntos por diferencia de potencial físico, es muy importante definir el sexo del corredor.

Por ello la medallista ha sido sometida a varios tests para certificar si es un hombre o una mujer.

Cada vez se rompen las barreras respecto a que para ser gay hay que lucirlo. Día a día notamos chicas con un alto grado de femeneidad compartiendo su vida sexual con otras de su mismo género. Lo que causa sorpresa debido al viejo estigma de que para ser lesbiana la mujer debe lucir masculinizada.

OCURRIO EL OTRO DIA

Hay historias anecdóticas dignas de compartir y que llevan relación a esa errónea percepción en la sociedad moderna.

Esta es la historia de Melissa, una diseñadora gráfica, quien en su hora del almuerzo fue a hacer par de diligencias, la cual la posteamos acá:

Algo curioso sucedió el otro día que quería compartir. Yo estaba en mi hora de almuerzo y debía acercarme hasta la panadería a hacer un pago. El cajero allí era siempre amable y le gustaba iniciar conversaciones cortas conmigo. Esta vez se puso más cercano y personal en la conversación, y aquí le expongo más o menos como se desarrolló:

Cajero: ¿Estás contenta porque ya estamos en fin de semana?

Melissa: Sí, totalmente! Estoy tan contenta de que sea viernes.

Cajero: ¿Qué vas a hacer?

Melissa: Realmente no lo sé todavía, pero creo que dependerá de cómo se presenten los planes esta noche.

Cajero: Ah, ok. ¿Y tú tiene hijos?

Melissa No, yo no tengo ninguno.

Cajero: Ah bueno. Qué fortuna que no tengas hijos. ¿Y estas casada?

Melissa: No, yo no estoy casada. (Nota: En este punto, yo sólo quería dejar escapar que yo era lesbiana, simplemente por el hecho de que a partir de la expresión de su cara, tengo la paranoia de que el cajero concluía que yo era una chica normal sin ninguna inclinación sexual distinta.) Sin embargo, y por alguna razón el cajero continuó preguntándome.

Cajero: ¿Tiene novio?

Melissa: No tengo novio. (Me río) Dios, seguro y piensas que soy una perdedora, sin hijos, soltera y sin mucho que hacer hoy viernes, no? Pero mira, la verdad es que soy una mujer gay. Tengo una novia. Tenemos ya un par de años juntas!

Cajero: ¡Oh Dios mío!, eres gay? No luces como una lesbiana, para nada. Eres tan linda… y divertida, pues.

Melissa: Qué fino! Gracias!

Al salir de la panadería, no solamente sonreía porque me habían dicho “bonita y hasta divertida”, sino que también experimentaba una extraña sensación de orgullo porque no “parecía lesbiana”. 

Pero mi confianza reforzada disminuyó rápidamente después de decirle a Freddy, un compañero gay de la oficina mi historia con el cajero, cuando él respondió que se sentía ofendido por mi comentario. Dijo alzando su voz que si alguien le dice que no luce gay le preguntaría inmediatamente “cómo entonces lucen los gays?”

Definitivamente había un punto en el comentario de Freddy, y realmente me puso a pensar. ¿El orgullo que asumí después de escuchar el elogio del cajero de la panadería tomó fuerza rápido forma por pensar en mi subconsciente de que me sentía diferente al no ser igual a la percepción social de como deberían lucir las lesbianas? Ahora sentía pena por mi.

Estaba tan condicionado por la cultura popular que me creía que las lesbianas eran varoniles, aburridas y sin sentido del humor?

¿O tal vez era otra la causa, a lo largo de las líneas de una homofobia internalizada? ¿Podría ser que me generó un cierto nivel de orgullo el sentirme agrupada entre mujeres heterosexuales, que no sólo son glamour en los medios como belleza idealizada sino también son lo que muchas de nosotras estamos condicionadas a ver como lo socialmente aceptable? ¿Me quieres tener en el grupo de moda?

En teoría, estoy orgullosa de decir que soy lesbiana, me gusta sentirme atraida por las mujeres, y tener toneladas de amigas lesbianas iguales a mi. Pero quizás en la práctica, así como los hombres gay siguen obligándose unos a otros a no lucir tan afeminados o a hacer su esfuerzo de lucir muy masculinos, nosotras igual estamos buscando el ideal más femenino entre nosotras?

No hay nada de malo en cómo luzco siendo una chica gay, en realidad. Ninguna chica debería sentirse ofendida por lucir diferente, pero igual no debería forzarse a sí misma a lucir más femenina para lucir “normal”.

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