Parece que Chávez creyó que las arbitrariedades políticas de su mandato cometidas a lo largo y ancho del territorio nacional pasarían desapercibidas ante sus países vecinos. Pero según miembros del senado de Brasil, éste no es el caso.
La creciente crisis política en Venezuela, producto de la aplicación de una doctrina fidelista, plagada de totalitarismo y corrupción política, que no detiene sus presiones contra la disidencia, cierre de medios de comunicación privados, persecusión a grupos sindicales, imposición de leyes de educación y a una novedosa ley electoral que beneficia a su partido, PSUV; privación ilegítima de la libertad a miembros de la oposición política, apropiación de tierras y nacionalización arbitraria de bienes privados, manipulación de leyes y desconocimiento de autoridades electas mediante el voto, aunada a la falta de separación de poderes que convierten al gobierno en un ente monolítico administrado por un solo hombre, son algunas de las noticias que han podido salir hacia la opinión pública internacional, que empiezan a causarle problemas de aceptación a la imagen del mandatario izquierdista, Hugo Chávez Frías.
Brasil ha comenzado a vocalizar su descontento por medio del senador Tasso Jereissati, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, quien exigió que Venezuela no fuera incluida en el Mercosur, en contraste a las presiones del presidente de ese país, Luiz Inácio Lula Da Silva, para que el senado apruebe tal solicitud.
“Pese al argumento de que los gobernantes son pasajeros y los Estados permanentes, en Venezuela hay un proceso de desmontaje de las libertades democráticas encaminado a perpetuar al presidente Chávez en el poder”, dijo el senador.
Y la opinión del senador Jereissati, al parecer, no está lejos de la verdad. El acercamiento público entre el mandatario izquierdista con el gobernante cubano, Fidel Castro, con más de cincuenta años en el poder; Muammar Gadaffi, con por sobre 40 años al frente del gobierno de Libia, así como su amistad con líderes de Zimbawe y, Belarrusia comprueban las características de un individuo que se quiere hacer del poder por siempre.
La situación de aprobación de Venezuela como miembro pleno depende largamente de la decisión que tomaría el senado paraguayo y éste, en la aceptación final de un gobierno venezolano que no acepta el libre mercado y aplasta a los industriales y comerciantes en casa, exporpiándolos y promoviendo una economía de Estado a la que llama socialista, sin serlo, a opinión de agrupaciones que se oponen a su régimen.
En caso de que su ingreso sea aprobado, el asunto pasará al plenario del Senado para una última votación; si es rechazado por la comisión, será archivado definitivamente, lo que supondrá que Venezuela quedará al margen del bloque que integran la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.
“Los cambios políticos promovidos por el gobierno venezolano privilegian a candidatos oficialistas y los opositores que son elegidos para un cargo público son prácticamente impedidos de gobernar”, agregó Jereissati en su argumento.
El senador sostiene que Chávez “gobierna de una forma dictatorial y con un parlamento absolutamente sometido a sus intereses, lo que es contrario al espíritu democrático que prima en el Mercosur”.
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